Leyenda de la Casa de los Lamentos

Nos reencontramos en las tradicionales tierras de México, y para ser más exactos entre las callejuelas de la ciudad de Guanajuato, pueblo de innumerables leyendas. Ahora es momento de relatarles lo que se dice de La Casa de los Lamentos; una casa que fue habitada por la hija del marqués de San Clemente quien era dueño de las minas de Cata y de Mellado. Al pasar el tiempo esta propiedad pasó a ser parte del gobierno y la utilizaron como oficina postal y justo en el año de 1890 pasó a manos de un acaudalado ingeniero minero de nombre Tadeo Fulgencio.

El Ingeniero era un hombre sencillo, trabajador y muy docto en el tema de la minería; aquella casa era un capricho de sí mismo para lograr un sueño. Aquel hombre adquirió la propiedad con fines de acondicionarla para su prometida Doña María Constanza de la Rivera Olmedo, una mujer bella, de buena casa y cariñosa, una sonrisa le bastaba a Tadeo para tranquilizar su corazón.

El no dejaba de emocionarse, siempre que la feliz pareja salía a pasear, Don Tadeo se detenía para mostrarle la casa en la que vivirían al momento de contraer nupcias. Ellos apenas y podían soportar la espera para que llegara el gran día, una vida tranquila seguro les aguardaba. Sin embargo el destino es caprichoso y siempre puede cambiar.

Se cuenta que la mina en la que trabajaba Don Tadeo sufrió una mala racha, las vetas escaseaban y los trabajadores se irritaban pues no recibían su pagos como era debido. Muchos de los mineros bajaban a las cantinas para ahogar sus corajes y calmar la sed, todos pensaban que Don Tadeo estaba robando dinero, dinero que les pertenecía a ellos para poder seguir construyendo su casa.

Un día mientras paseaban como acostumbraban Don Tadeo y la joven Constanza, como era hábito, al final de su paseo se quedaron a ver la futura casa que acogería su cariño. De pronto un trabajador tocó la puerta diciéndole a Don Tadeo que lo necesitaban urgentemente en la mina, y sin pensar Fulgencio se fue inmediatamente, dejando sola a la bella Constanza.

Pero la tragedia, compañera del destino apareció. Una sombra extraña entró a la casa blandiendo un filoso cuchillo, aquella arma se hundió en el cuerpo de la joven que gritaba desconsolada, pero los muros opacaban sus gritos, no había nadie que acudiera a su ruego. Al tiempo, regresó Don Tadeo, en el suelo un charco de sangre que brotaba del cuerpo de Constanza. Ella fue asesinada a sangre fría, Don Tadeo sólo la contemplaba y sollozaba, se negaba lo que sus ojos presenciaban, el encuentro de emociones hizo que golpeara su cabeza contra los muros.

No podía creer lo que veía, tal acontecimiento hizo que Don Tadeo enloqueciera. Días y noches permanecía encerrado en la casa que alguna vez, se podría decir, fue su futuro hogar. Amurallado pasaba horas leyendo papiros y textos de magia y hechicería, creyendo que ahí encontraría la forma de unirse nuevamente en este mundo con su bella Constanza.

Su dolor, lo obligó a  buscar, a una bruja para que lo ayudara a contactar a su mujer en el más allá. Se dice que la bruja le enseñó rituales de magia negra a Don Tadeo, entre los cuales se incluían sacrificios humanos. Varias noches se vea una carroza que bajaba al pueblo, dentro de ella estaba Don Fulgencio, éste invitaba a las jóvenes para que pasaran noches en su casa. Ellas lo acompañaban pero jamás salían, eran sacrificadas tratando de resucitar a su bella Constanza. Los lamentos de las jóvenes torturadas jamás llegaron a ser respondidos, las torturas y el dolor sufrido quedo grabado en los muros de aquella casa. El tiempo pasó y Don Tadeo murió de una forma extraña, se cree que la bruja reclamó su alma; al tiempo adentraron en la casa y se hallaron restos humanos y libros de magia negra.